El convento más antiguo de Sevilla, entre la Historia y la leyenda

Real Monasterio de San Clemente

c/ Reposo, 9 Sevilla

Entre naranjos, damas de noche y jazmines. Al pie del río Guadalquivir y a un paso del corazón del centro histórico de la capital hispalense. El Real... Leer más

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Descripción

Entre naranjos, damas de noche y jazmines. Al pie del río Guadalquivir y a un paso del corazón del centro histórico de la capital hispalense. El Real Monasterio de San Clemente de Sevilla. No puede ser más sevillano y, de hecho, guarda entre la clausura de sus antiguos muros la historia de ocho siglos de la ciudad, desde que el rey Fernando III El Santo lo fundase allá por el siglo XIII con la Reconquista de Sevilla. Las monjas cistercienses llegaron con San Fernando a la ciudad de la Giralda, que por entonces retornaba así al cristianismo tras cinco siglos de dominación musulmana.

La fundación de este monasterio fue la mejor forma que encontró el rey San Fernando para dar las gracias a Dios por haber podido reconquistar la Sevilla almohade. Y es que la entrada de las tropas castellanas en la ciudad tuvo lugar en 1248, el 23 de noviembre, festividad de San Clemente, segundo de los pontífices romanos. Con este fin, donó a la que sería la futura comunidad monástica unos palacios cercanos al río, resguardados por la muralla, en la zona de la llamada puerta de Bib-Arragel. Un enclave original que aún hoy se mantiene, tras casi ocho siglos de vida. Un monasterio como éste, no podía ser ocupado más que por la orden monástica que en aquellos momentos aparece más ligada a la familia real: el Císter femenino.

Hoy es monumento declarado Bien de Interés Cultural en 1971, heredero de un rico legado patrimonial, con obras de arte exponentes de los estilos de sus ocho siglos de vida, ligado a la Historia y a las leyendas de la ciudad. En el Real Monasterio de San Clemente, por ejemplo, reposan los restos mortales de la reina María de Portugal, esposa de Alfonso XI de Castilla y madre del famoso Pedro I, para unos El Justiciero, para la mayoría, El Cruel; así como de otras relevantes personalidades de la realeza castellana del Medievo, como la también muy conocida Doña Berenguela, hija primogénita del rey Alfonso X El Sabio.

Precisamente, de la distinción que es el hecho de que el monasterio fuera elegido como lugar de descanso eterno por algunos familiares de los reyes castellanos, se deriva un curioso hecho histórico que ha ido alimentando también el pasado legendario de este recinto religioso de clausura. En un momento de su historia, allá por el siglo XIV, la comunidad acoge como religiosa a otra infanta, Doña Beatriz de Castilla, hija de Enrique II Trastámara.

Al hacer testamento, ordena que la entierren junto a donde años antes había sido sepultada la infanta Doña Berenguela y “que compren una lámpara que la pongan sobre mi huesa y arda perpetuamente”. Así se cumplió, pudiendo verse aún hoy, en el coro bajo de la iglesia, la citada lámpara, una joya de la orfebrería de su época que, seis siglos después de su muerte, sigue ?hablando? con su luz de la infanta de la eterna llama encendida.

Pero el Real Monasterio de San Clemente de Sevilla atesora además otras muchas obras de gran valor artístico. Quizás la más llamativa a primera vista sea la fastuosidad del retablo mayor barroco de su iglesia, pero también destaca la imagen de la Virgen de los Reyes, tan ligada a la ciudad a través del rey San Fernando, del siglo XIII. Y es que cuenta la tradición, que Fernando III El Santo soñó con la Virgen María y luego pidió a los imagineros de la corte que tallaran una imagen de la Virgen que materializase su sueño.

La más parecida a la que soñó es la que está en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, patrona de la Archidiócesis y de la ciudad, la segunda que más se le pareció es la que acoge el Real Monasterio de San Clemente. Además, del arte del monasterio también son buena prueba los frescos de la iglesia, como el retrato de San Fernando pintado en el siglo XVII por Valdés Leal. El convento de clausura cuenta, por otra parte, con un espacio cedido al Ayuntamiento hispalense para usos culturales, en lo que es el Centro Experimental y Tecnológico para la Cultura y las Artes de Sevilla.

De la visita al Real Monasterio de San Clemente de Sevilla podemos llevarnos pues el maravilloso recuerdo de todo lo descubierto y disfrutado, mucho más que arte, historia, tradición, espiritualidad y leyenda. Pero, además, una dulce evocación que paladear con buen gusto, la de sus mermeladas y mieles, las pastas de té de sus Dulzuras Clementinas o la de los almibarados Corazones de sus Tartas de Santa Gertrudis. Una dulce evocación que, sin duda, os invitará a volver.


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